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AQUÍ MURCIA, RADIO JUVENTUD |
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LA RADIO DE MI PADRE En este segundo capitulo dedicado a contar historias de radios, quiero hacer un pequeño homenaje a mi padre, Francisco Saura Mármol, a quien yo cariñosamente llamo simplemente “Saura”. El fue quien me inculcó el cariño por los trastos viejos en general y por las radios en particular. Les contaré por ejemplo, que los domingos me llevaba de paseo hasta el escaparate de Electrodomésticos Climent, en la murciana Alameda de Colón, y allí veía entre otras cosas una columna llena de radios Pulgarcito de color blanco, verde y rosa, con una etiquetita que indicaba 600 pesetas ¡de las de antes! (hablo de los primeros años sesenta). Pese a mi corta edad, era consciente de que eso era mucho dinero, pese a lo cual, no dejaba de albergar la esperanza de que cualquier cumpleaños u onomástica, apareciese Saura con una Pulgarcito bajo el brazo. Pero... había un sucedáneo: un elevador Alcer de bakelita negra, que al fin y al cabo, se parecía al Pulgarcito, tenia un botón y un “dial”, pero no era lo mismo, aunque yo disfrutaba conectándolo a la radio Tungsram (de la que les hablaré en otra ocasión) y haciéndole perrerías, me llegaba puntualmente en tales fechas, aunque su vida era demasiado corta debido ala fragilidad de la bakelita. Pero vayamos al principio: eran los últimos años 40. En la posguerra escaseaba la gasolina y los coches montaban gasógenos. Mi padre era mecánico y se especializó en su montaje. Cuenta que se presentó en su taller murciano un señor, al parecer director de un importante hotel granadino, dispuesto a llevárselo a Granada, concretamente a Lanjarón, para montar un gasógeno de la marca Osqui en su Seat 1400. Instaló a mi padre (al que llamaron “el ingeniero”) en una autentica suite durante el tiempo que duró el montaje del gasógeno en cuestión. Como anécdota, destaca mi padre, que el “ingeniero” se encontró con un problema durante la estancia en el hotel: en pleno invierno, había días en los que el agua salía prácticamente hirviendo, y otras salía helada en el cuarto de baño. El, que vivía en la huerta murciana donde no había agua corriente) no alcanzaba a comprender que ocurría: simplemente pensaba que el encargado de conectar el calentador se dormía a veces, y estuvo a punto de reclamar... hasta que descubrió que la culpa era de “un extraño grifo único” del que según lo pusieras, salía el agua a una u otra temperatura. Vamos que el monomando para él era algo galáctico. De aquel montaje todos quedaron contentos: el dueño del coche con el flamante gasógeno, y mi padre, que se llevó 500 pesetas de propina por el trabajo. Con esas quinientas del ala, mi padre hizo sus tejemanejes con un instalador de Hidroeléctrica, y el día 29 de Julio de aquél año, a las tres de la tarde llegó la corriente desde un pueblo cercano llamado Patiño, hasta la misma orilla del Reguerón donde estaba la casa familiar. Bien, era el primer paso: tener corriente eléctrica. Ya antes de la guerra, mi padre tenia una Radio Galena, con una antena sobre la parra y con dos pares de auriculares, por los que los vecinos escuchaban cada noche por turnos las emisiones de Radio Murcia EAJ 17. Con la guerra civil hubo que desmontar el tinglado para evitar complicaciones. |
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Al año siguiente a la historia del gasógeno, en otoño, una tremenda riada anegó la huerta murciana. Cuando bajaron las aguas, pidió permiso a su madre para limpiar un bancal y plantarlo de patatas. Cuando llegó el momento, vendió la cosecha a los militares del Cuartel de Artillería, y con lo que obtuvo neto, tras pagar la simiente de las patatas, tenia justo para pagar la radio, de manera que la encargó a Pedro el Sastre, aprovechando una excelente coyuntura: Hay que remarcar que a mi abuela Josefa las “nuevas tecnologías” le producían urticaria. Pues bien, coincidió la compra con la retransmisión del novenario de la Virgen de la Fuensanta, desde el Santuario a través de Radio Murcia. Las novenas empezaban un domingo, y ese domingo apareció el pobre sastre, llevando la radio a las costillas, con dos muletas (el pobre era cojo), sudando por los cuatro costados. Aprovechando que mi abuela se había ido a misa a Patiño, instalaron la radio en el comedor, la conectaron y aquello fue la locura. Pero... faltaba un problema por resolver ¿qué diría la abuela?. Pero todo estaba previsto: la radio se quedaba en casa para probarla durante una semana, y si no quedaban satisfechos... mi padre la llevaría de vuelta al vendedor, pero en su bicicleta, al cabo de una semana. Por fin llegó la señora Josefa, y al ver aquel armatoste allí funcionando, montó en cólera y se dirigió mano en alto hacia el enchufe dispuesta a terminar con todo aquello. ¡No lo toque usted, que se rompe! Gritó mi tía Catalina, que en gloria esté. Esto paralizó a mi abuela y contuvo sus iras, pero siguió refunfuñando un “yo no quiero radio” día y noche La llegada de la radio causó sensación entre los vecinos, que acudían sobre todo por la noche a oírla. Esto contribuía a la estrategia de Saura: “si la devolvemos, madre, pensarán que yo no la he pagado”. Al cuarto día, la tía Josefa dijo “nene, enchufa la radio para oír la novena”: la abuela había claudicado, y la radio se quedó allí. Un detalle más: hasta entonces, “El Nene de Fuentes” el de ultramarinos, era famoso en la zona porque cuando hacia buen tiempo, sacaba la trompeta de su gramófono por la ventana, y dejaba en el aire los ecos de La Paloma, pero... la radio de mi padre se oía mas fuerte y tenía mas audiencia, especialmente en los prime time, al oscurecer, cuando se reunían los vecinos en la puerta a escuchar el flamante aparato, oculto bajo un tapete blanco tras el cual se veía brillar la luz del dial. Vamos, que, como el dice, “le barrió el tipo al gramófono”.
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Cuando iba con los domingos de visita “a la huerta” la radio siempre estaba conectada, entremezclando el sonido de los discos dedicados “Ecos de Sociedad” de Radio Murcia, con el olor de la leña que calentaba los pucheros de barro en los que hervía el cocido del domingo. A mi me encantaba sobre todo hacer girar el dial, pues como ven es muy original, ya que las agujas van fijas y gira todo el conjunto del dial en forma de corona y el protector del altavoz. Al cambiar de onda, el dial se iluminaba en amarillo, rojo o azul, según la banda seleccionada. Con el control de tono se puede hacer que se escuche “abonico” con toda claridad y con un sonido muy grave. Mi tia Geno escuchaba por las noches Radio Andorra para estar a la última, y durante muchos meses de mayo y septiembre, los vecinos se volvieron a reunir a escuchar el novenario, y Matilde Perico y Periquín, las novelas de la Cadena Ser, Ustedes son formidables y Caja o dinero. La radio pasó a formar parte de mi colección cuando hubo que reemplazarla de su estante por el televisor y en su función por un transistor de pilas Sharp comprado en Andorra. Me acompaño en mis largas sesiones de estudio, tal y como he reproducido en la foto, durante la carrera y posterior oposición. |
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Técnicamente es una radio hecha a mano, con las cinco clásicas válvulas Rimlock para corriente alterna, y altavoz electrodinámico de ocho pulgadas. Su originalidad radica en el dial, que es una corona circular, con dos ensanches de onda corta. El mueble es de madera barnizada y el protector del altavoz, giratorio de bakelita negra. ... Y ahí sigue dando guerra, técnicamente intacta, y sin un solo cambio interno. Las horas de trabajo, incontables: cuando me quedaba a estudiar toda la noche y el “Nocturno Español” que escuchaba desde Murcia a través de RNE Madrid trasmitía el fragmento clásico, conectaba mi casette Sanyo a la toma de fono, y si pasaba el tiempo de estudio de modo mas ameno: luego bastaba con contar las casettes que habían sonado para saber el tiempo que había estado estudiando. Estamos Contigo, Musical de las nueve, Para vosotros, jóvenes, Cantando al trabajar, Estudio 15-18, Correcaminos, Trotadiscos, Radio Murcia Madrugada, Dígalo con música, Madrugada y Melodía, Los Siete Magníficos, Sintonía 7, Caravana de amigos, Fiesta, En clave joven, Matinal 7200, Alborada, Protagonistas Vosotros (que así se llamaba al principio, con José Ferrer) y por las noches, los ecos de Radio España de Madrid, o la Inter, Radio Andorra y la inolvidable Radio Centro. Todo eso y mucho mas cabe en tan reducido espacio ¿hay quien de más?. Gracias por su atención. Seguiremos informando. |
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Salvador Saura López |
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valvuladesalida@yahoo.es |
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