AQUÍ MURCIA, RADIO JUVENTUD-IV


 

LA RADIO DEL SEÑOR JESÚS 

   En mi barrio, había tres kioscos o “puestos”: el de la Tía María, en la calle Mateos, el de la calle Álvarez Quintero, esquina con Floridablanca, y el de la puerta del Cinema Iniesta: el del Señor Jesús. En el comprábamos tramusos, torraos, pipas, chufas, regaliz, caramelos Saci y chicles Dunkin antes de entrar al cine los domingos y los jueves por la tarde. Junto a el estaba el puesto de helados que abría en verano, y mas a la derecha, el kiosco de prensa.

   El Señor Jesús era un adorable cascarrabias, y su mujer un verdadero cúmulo de paciencia con los críos que nos plantábamos ante el puesto sin saber muchas veces qué pedir, de antas cosas que había para comprar. Allí pasaban las horas los dos, oyendo la radio: una preciosa radio Bertran, color crema, con su elevador Alcer negro (que casi era más grande que la propia radio) que se escuchaba desde el exterior, pues ambos eran un pelin “tenientes” de oído.

   En mi paseo de fin de semana, mi padre me pasaba por el kiosco para que viese la radio y de paso comprar alguna chuchería. La radio estaba siempre a la izquierda, y a veces, cuando no había muchos trastos expuestos, se podía ver la parte trasera y las válvulas encendidas. Estaba situada sobre una maleta de cuero, cuya utilidad descubrí una noche de verano en la que mis padres me dejaron trasnochar hasta las once. Entonces, ví aparecer por la esquina al Señor Jesús, con su bastón, junto a su mujer, llevando colgado del hombro el maletín de cuero en el que guardaba la radio. Desde entonces, cada mañana cuando iba al cole, me fijaba en la pareja que se disponía a abrir su negocio e indefectiblemente, la maleta aparecía colgada del su hombro.

    
   

  Saura, mi padre, se empeñaba en decirme que esa radio era un Pulgarcito, pero yo sabia muy bien que no, que los Pulgarcito estaban en el escaparate de Climent de la Alameda de Colón, y que este era un poco mas grande, aunque no tanto como el Philips de su mesilla de noche.

   Siempre estaba sintonizada en Radio Murcia. Lo sabía porque reconocía las novelas cuando pasaba por allí en las tardes de verano, o alguna mañana que no iba al colegio al pasar escuchaba el Correo Musical o cuando acompañaba a algún mayor por las noches a comprar tabaco y oía la sintonía de Antena Deportiva, después de El Parte de Radio Nacional, que había escuchado previamente al pasar por la Barbería, que los viernes cerraba muy tarde y siempre tenían la radio puesta a esa hora para conocer las andanzas del Real Murcia.

   El kiosco se modernizó y cambió de ubicación. Pero pese al paso de los años, la radio siguió allí, dando sus dos paseos diarios en el interior de su maleta de cuero. 

   Probablemente el negocio funcionaba bien, pues un –para mi- triste día de 1973, la radio desapareció, quizá se cansaron de funcionar sus cinco válvulas rimlock de la serie U, y en su lugar apareció una flamante Vanguard Atlas color crema, con FM, que acompaño al Señor Jesús y su mujer, hasta que años después se nos fueron para siempre, dejándonos a los entonces chavales del barrio, el recuerdo de sus chucherias, y a mi, además, el de su preciosa y viajera radio Bertran. 

   Recientemente supe que el aparato se fabricó en dos versiones, idénticas externamente, pero montando válvulas de la serie Rimlock en un principio, y posteriormente, miniaturas de la serie H. Tiene dos ondas y una sensibilidad tal que no precisa antena exterior para escuchar con potencia las emisoras locales. Para favorecer la disipación del calor, los laterales son de chapa dorada perforada, a juego con el frontal de sus botones de mando.

   

Salvador Saura López

valvuladesalida@yahoo.es

 

 

 

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