historia  y  fuente para  un   TRANS-OCEANIC

 

Siendo aún adolescente, una encendida pasión me empujaba a consumir mis vacaciones “traficando” en el único taller de radio que había en mi pueblo. Su dueño, un técnico excelente, me acogía con singular simpatía, me prestaba sus libros y me daba todo tipo de facilidades. El me enseñó a soldar como Dios manda, a calcular transformadores y, por supuesto, a diagnosticar y a reparar receptores quejosos o en estado comatoso. Prácticamente cuanto se de radio se lo debo a él. Fue por entonces cuando tuve ocasión de acariciar con mis propias manos un Trans-Oceanic de Zenith. Un receptor inalcanzable, que solo algunos afortunados poseían y podían disfrutar.

Mi pueblo, un pequeño puerto anclado en el fondo de la Ría de Vigo, fue, desde que recuerdo, un vivero de navegantes enrolados en buques de pabellón extranjero, que hacían largas singladuras por todos los mares del Mundo. Cuando volvían de sus largos viajes, traían maravillosos regalos: loros, tortugas, tabaco rubio americano, las inexcusables medias de “cristal” o los impermeables de “ples-y-glass” para las esposas o las novias, amén de muchas otras cosas curiosas o caras. Pero fue hacia finales de los 40 y principios de los 50 cuando comenzaron a permitirse ciertos lujos personales, como regalarse a sí mismos algún que otro Trans-Oceanic, “made in USA”.

Aquellas hermosas radios de maleta, totalmente autónomas, con su antena desplegada, eran capaces de funcionar en cualquier lugar sin necesidad de enchufarlas, ofreciendo un rendimiento inimaginable, tanto en onda normal como en sus cinco bandas de onda corta. Algo inaudito para una época en la que los aparatos de transistores todavía no habían sido concebidos y los de lámparas portátiles de otras marcas, que comenzaban a llegar por la misma vía, no admitían comparación. Realmente, un receptor Trans-Oceanic era por entonces “un oscuro objeto de deseo” más que justificado. Pero, lo cierto es que esta maravilla de la técnica, a pesar de sus virtudes, enfermaba con excesiva frecuencia. Cada cierto tiempo, al girar el mando de encendido, su dueño se encontraba con la desagradable sorpresa de que el receptor permanecía mudo. La avería era elemental y machaconamente repetida: una lámpara fundida. Solamente era preciso averiguar cual de ellas, sustituirla y todo volvía a la normalidad. Sin embargo, la relativa frecuencia con que esto sucedía, resultaba irritante. Algunos, desconfiando  de la calidad de las lámparas utilizadas en el taller, las traían directamente de los EEUU y ellos mismos las sustituían confiando en su mayor duración.......pero era tontería. Los filamentos seguían evaporándose  irremisiblemente.

 La explicación del desastre no era nada complicada. Aquellas válvulas, proyectadas para funcionar con 1,4 voltios en filamento, no planteaban problemas mientras fueran alimentadas con pilas, a su tensión nominal. El problema aparecía al conectar el receptor a la red.  La alimentación, como se puede ver en el esquema adjunto, se realiza en estos aparatos repartiendo la corriente entre dos líneas independientes, una para alta tensión, a  + 90 v., y otra para los filamentos, a  +9,8 v.  Con el fin de adecuar la tensión a los valores preceptivos, se confía la reducción del voltaje a simples resistencias de drenaje conectadas en serie, como puede verse. Una de 1200 ohmios para la línea de alta y dos de 970 para la cadena de filamentos.

 

Seguramente la técnica de aquel tiempo no permitía soluciones ni más eficaces ni más económicas, pero lo cierto es que los riesgos de las sobretensiones con un sistema tan frugal son inevitables y no es raro que los filamentos entren en trance de muerte cuando menos se espera. Cualquier oscilación de la red repercute inevitablemente en los voltajes de salida. Y si tenemos en cuenta que, por aquellos años, la tensión nominal de la red - al menos en nuestra zona- era de 125 v., pero pasaba de 90 a 160 voltios e incluso más, pienso que cualquier otra explicación es ociosa.

    El 8G005 YT en vías de restauración y después de restaurado. 

 Mi mujer, que soporta mi afición con su mejor voluntad y que ha llegado a comprender mi pasión por los Trans-Oceanic, me sorprendió no hace mucho con un regalo extraordinario: un ansiado 8G005YT. El Trans-Oceanic soñado y localizado en “Els Encants”,  Dios sabe con cuanto esfuerzo.

A primera vista hacía presagiar largas horas de entrega y de dedicación, ya que el aspecto exterior era deplorable. Sin embargo, metidos en harina, la “máquina” resultó estar completa y en condiciones inmejorables. A excepción de algunos condensadores, que fueron sustituidos, las lámparas, las antenas móviles, las ventosas e incluso el robusto folleto de instrucciones, estaban en perfectas condiciones. La reparación fue rápida y sencilla y, aunque la labor cosmética tomó su tiempo, el esfuerzo resultó enormemente gratificante, como puede deducirse de las fotografías. Estoy feliz con esta radio. Es evidente que mi mujer sabe comprar........

Pero al verlo tan limpio y recompuesto no tuve arrestos para enchufarlo a la red, temiendo lo peor - “el gato escaldado del agua fría huye”-. Me lo pensé con calma y opté por otro camino.  En esencia mi pretensión consistía en ignorar el sistema de alimentación del sector, aunque conservándolo intacto, y usar la “vía” de alimentación por baterías, construyendo lo que en tiempos se llamaba “supresor de baterías”, un artilugio capaz de ofrecer mayor seguridad, voltajes más estables y menor riesgo para los filamentos. El resultado es el que aparece representado en el esquema.

 

 

 

Este sistema, que puede ser considerado como un conjunto de dos pilas con el negativo común - una de 9 v. y otra de 90 v.- fue montado una tarde lluviosa de domingo, sobre una pequeña tabla recurriendo a los elementos disponibles en el cajón de las “chafalladas”, ya que, como es lógico, el comercio estaba cerrado.

 T1 es un pequeño transformador para 3-4 W con un primario de 220, 110 v. y un secundario para 12 v. Los diodos rectificadores son BY127, los que tenía a mano. Solo hay un elemento poco habitual que es el condensador electrolítico de 4700 uF y 40 voltios, recuperado de un ordenador desguazado. Utilicé este condensador de gran capacidad dado que solo disponía de un BY127 para montar un rectificador de media onda y era conveniente que la corriente de filamentos fuera bien filtrada. En caso de utilizar un puente, el valor del condensador puede ser reducido sensiblemente. La regulación para 9 v. se realiza a través de un TA 7809, que, como es bien sabido, proporciona un grado de estabilidad excelente y para este consumo, 50 mA., no necesita refrigerador. El voltaje debería de ser de 9,8 voltios para los 7 filamentos del aparato, pero con 9 queda en 1,28 voltios para cada lámpara, que resulta perfectamente suficiente según especificaciones de la RCA, y más aconsejable para prolongar la vida de los cátodos. Para estabilizar la tensión de alta utilicé dos diodos de 47 v. en serie ya que no disponía de otros que se ajustaran mejor a los 90 voltios preceptivos.

Puede recurrirse a otras variantes, si se quiere, P.e., sería preferible un transformador dotado de un secundario independiente para 90 v. De todas formas el “prototipo” funciona sin zumbido ni complicaciones, a pesar de utilizar rectificadores de media onda, aunque lo más satisfactorio para mi, es el grado de estabilidad conseguido. Como salvaguarda de los filamentos creo que resulta francamente tranquilizador y eso, después de las experiencias vividas, es muy importante. De hecho algunas lámparas se están convirtiendo en auténticos artículos de lujo.

 

Muchos saludos de Gustavo, EA1IV.

Compostela, mes de Santiago de 2002

.......Como dijo uno de nuestro foreros, Carlos Insa, una vez " El articulo sobre la reparación de un transoceanic, no es articulo reparación, es poesía, que te traslada a la época dorada de la radio".......dedicado a una de las personas que mas entusiasmo puso en el  conocimiento y fascinación por la radio antigua,  a tí Gustavo.

 

 

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